Los colmos de la semana.
Santa Isadora, Bendice esta Lavadora
Perdónalos señor porque no saben lo que hacen… ni lo que dicen y mucho menos lo que publican.
Con motivo del día internacional de la mujer, salió publicado en el semanario vaticano L’Osservatore Romano, un artículo titulado “La Lavadora y la Liberación de la Mujer. Pon el detergente, cierra la tapa y relájate”(sic)
Esta nota, que aparece publicada en la edición impresa del semanario, ya le ha dado la vuelta al mundo por su increíble contenido y ha sido difundida por la agencia Reuters, aunque, al día de hoy, no aparece en la versión digital de dicha publicación. No sabemos si por un acto de dignidad y respeto o simplemente como parte de las restricciones que tiene el portal para los no suscriptores.
Este texto, no sólo pone a la lavadora entre los más grandes logros para la liberación femenina situándola al nivel de la píldora anticonceptiva y el derecho a trabajar, sino que en un comparativo, pone a la máquina como vencedora.
El artículo, en su traducción dice, refiriéndose al mayor de los avances en materia de derechos humanos para la mujer: “El debate está caldeado. Algunos dicen que la píldora, algunos que el derecho al aborto y algunos que el derecho a trabajar fuera de casa. Otros, sin embargo, osan ir más allá: la lavadora”
Aplausos. Simplemente aplausos para la osadía de los editores de L’Osservatore Romano. que afirman, con este tipo de opiniones, al trabajo doméstico como propio del sexo femenino, en pro de perpetuar la tradición de sometimiento ante la familia.
La última frase del texto, es contundente: “Gracias a la máquina de lavar, las mujeres se convirtieron en ’supermujeres’ del hogar: sonrientes, maquilladas y radiantes entre los electrodomésticos de su casa”.
Y aunque usted no lo crea, el colmo de este asunto, no radica sólo en las ideas difundidas por el artículo, sino en el hecho de que quien lo escribió, fue una mujer, periodista, de nombre Giulia Galeotti.
Por lo menos ahora sabemos, que los que planean las campañas en donde edecanes regalan muestras de detergente y suavizante sólo a mujeres y los que hacen los anuncios de Elektra, donde aparece un marido diciendo que ha liberado a su mujer (sic) porque ya le regaló una lavadora, no son sólo penosos ejemplares endémicos.
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Base por Bola
Suena un tanto a burla, que en plena debacle económica y habiendo tantos personajes ilustres vivos y en mejor forma física y moral, haya sido precisamente el secretario de economía, Agustín Carstens, el pitcher designado para lanzar la primera bola en la inauguración del Clásico Mundial de Béisbol en la Ciudad de México.
Pero bueno, bien dice el dicho que extraños son los caminos del señor y más extraños deben ser los caminos de la alta socialité mediática que tomó esa decisión. Lo que no se acaba de entender, es si la designación de Carstens para subir al centro del diamante, respondió a un acto de barberismo por parte de los organizadores o a una cruel y maquiavélica venganza, porque exponerlo a la muchedumbre, justo en el peor momento de la economía nacional en muchos años, fue tanto como echarlo al circo romano.
Apenas salió del dogout, la muchedumbre abucheó, silbó y vociferó improperios al por mayor contra el voluminoso secretario de Hacienda. Aún así y con toda la serenidad del mundo, subió al montículo y lanzó la primera pichada. Su lanzamiento fue bastante malo y por unos segundos, la silbatina se volvió carcajada para volver a retomarse como un alud de mentadas de madre.
Dentro de lo malo que esto pudiera parecer, hay un dato que le pone aún más dramatismo al suceso. Carstens, como todo el gabinete actual, dependen y son reflejo de la actual administración panista y es bien sabido, que el panismo siempre ha encontrado su respaldo en los estratos medio alto y alto de la sociedad, mismos que, dado el deporte y el precio de los boletos, eran los que llenaban mayoritariamente las tribunas del Foro Sol.
Sin embargo, el mayor de los absurdos referentes a este suceso, no tuvo lugar en el Foro Sol, sino en la sede nacional del PAN, donde su presidente, Germán Martínez, aseguró con toda seriedad y despreocupación (rayando en el cinismo), que la gente abucheó a Carstens, no por su forma de manejar la Hacienda nacional, sino “porque no sabe pichar” (sic).